Noticias

¿Tienes más de 40 años y te gusta el clubbing?

POR FAVOR, CONTINUA BAILANDO.

En el presente artículo nos hacemos eco de una realidad cada vez más patente en los clubs: la de que acuden a ellos personas con edades a las que no está socialmente bien visto que salgan y bailen. No compartimos esta opinión y aquí exponemos algunos argumentos a su favor.

Aunque nos pueda parecer algo que ocurrió en un país muy lejano, cuyo nombre no recuerdo, no lo es tanto. Existió (y de verdad) una época conocida como del surgimiento de la música electrónica, tanto en España como en el resto del mundo. Los jóvenes de aquella época vivieron con estupor y alegría el nacimiento de los clubs y de la música electrónica. Eran formas de ocio completamente distintas a las que conocían o estaban acostumbrados y las abrazaron con ganas. Estas nuevas formas de ocio, cultura y experimentación te permitían evadirte, encontrar un lugar donde celebrar la vida, donde compartir con gente y experimentar con drogas que te hacían amar a la humanidad. Además, el baile desenfrenado se convirtió en un elemento catárquico nunca antes visto, sumamente placentero.

Pero tras este periodo inicial, del que se conservan recuerdos muy «de color de rosa», comenzó una época en la que la música electrónica pasó a ser completamente estigmatizada. Empezaron los años más negros de la música electrónica, unos años en los que muchos abandonaron la costumbre del baile y el club, condicionados por el qué dirán y las habladurías.

Pese a este gran traspié, la cultura electrónica se fue regenerando y, en cierta forma, fue asentándose como el nuevo movimiento contracultural basado en la música. Nuevos jóvenes se vieron atraídos por la libertad que la cultura clubbing proponía, por los beats repetitivos que les sumaban en trance y les ayudaban a desconectar de sus preocupaciones con una sensación cuasi eufórica. La historia se repetía.

A la par que la imagen de la música electrónica se iba limpiando —aunque nunca lo hizo del todo y tuvo siempre una relación irregular con las autoridades— ocurrió que muchos de los clubbers de la primera época dorada electrónica fueron envejeciendo. Unos clubbers que seguían encontrando en el club y en la música su enclave perfecto de ocio, su felicidad, su plenitud. Para muchos era la única forma de ocio que habían conocido, la única que amaban y entendían.

De forma espontánea y en muchos lugares del mundo a la vez, paulatinamente fue surgiendo un fenómeno inesperado. Estos mismos clubbers se rebelaron y adoptaron una postura totalmente en contra a lo que se suponía que tenían que hacer según los estatutos de la sociedad —que abarcaban desde casarse y tener hijos hasta el mero hecho de no salir—. Muchos de ellos decidieron quedarse en el club. ¿Qué más iban a hacer?

Las críticas contra su forma de vida eran menos importantes que la felicidad que les proporcionaba el baile. Se acostumbraron a la insana costumbre instaurada en muchos de saberse criticado por los demás. De ver cómo una parte de la sociedad les daba la espalda por continuar haciendo aquello que les hacía felices. El baile.

Ni les importó ni les importa. Ellos y ellas —las más criticadas, siempre— crearon y continúan creando un camino luchando para que el ocio, el divertirte como te de la gana, puede continuar siendo una práctica aceptable pasada la edad que sea. Allanaron un camino para que los clubbers de generaciones inmediatamente posteriores pudieran continuar bailando cuando quisieran, cuando sus responsabilidades lo permitiesen, cuando les diera la real gana. Han realizado una labor social digna de admiración y respeto. Jamás comprenderemos esa manía de criticar a alguien que está haciendo lo que le hace feliz ni la apropiación de los espacios del club únicamente para los más jóvenes.

Por eso, la próxima vez que veas a alguien de la edad que sea bailando, piénsatelo dos veces antes de criticar a esa persona. Ni conoces su vida ni sabes si está perdido o perdida —que seguramente sea lo que se te está pasando por la mente, alma de cántaro—. ¿Te habías parado a pensar que quizás sea una persona mucho más «encontrada» que tú mismo? ¿Se te había ocurrido que quizás deberías admirarla por ser tan consecuente con su felicidad y por que se la sude el qué dirán?

Y tú, que lees esto, que ya has pasado la edad «aceptada socialmente» para continuar bailando y que disfrutas en los club… Por favor, continúa.

Fuente. Vicious Magazine

Comentarios

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies